“Aunque las empresas digan que no hay relación laboral, la realidad es que el repartidor de Rappi o el conductor de Uber están siendo vigilados constantemente: cámaras, GPS que determinan su ubicación en tiempo real, algoritmos que evalúan su comportamiento. Eso genera un mega capataz digital. La pregunta crítica es: ¿hasta dónde llega este monitoreo? ¿Cuál es la protección de mi privacidad? ¿Qué tanto pueden utilizar mis datos de ubicación y comportamiento para tomar decisiones futuras sobre mí? Es un terreno pantanoso que requiere legislación inmediata”